Nicolás Rueda Blanco

Un lugar creado con un propósito, como es el jardín, implica en su naturaleza la manifestación de factores incontrolables. En ellos, el vientre que es la tierra es el secreto de donde emergemos y en el que terminamos. En este jardín, las historias de tres árboles que marcaban una ausencia, cada una ligada a una historia personal en la vida de quien los sembró, traen al hogar un constante mensaje de esperanza y redención.Un nuevo ciclo tras de sí. Creando una cuna, el jardín se conecta bajo nuestros pies. En la oscuridad, la raíz origina la luz morada de la transmutación, y reinventa los ciclos para volverlos inicios. Es lo mismo que sucede en nuestro interior, en nuestras células y en lo inabarcable de las nebulosas.Todo resurge en el pequeño mundo del jardín bajo el vientre del hogar, donde no controlamos lo que pasa.

Acrílico y papel artesanal de fique y algodón hecho a mano sobre lienzo.

Esta obra hace parte del proyecto “Espacios de luz” realizado en conjunto con Maria Fernanda Zuluaga y Javier Vela en el año 2017 y 2018, y presentado en la Fundación Gilbero Alzate Avendaño y en la Universidad Javeriana.



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